Casi se termina

Los calores odiosos, el sudor que recorre la frente y las mejillas. Temperatura ambiente de 25 grados y tengo mis 38 grados personales en la casa. Calores que aumentan los olores que vienen de los desperdicios; latas de atún, refrescos, pasteles, asados, tortillas y jugos de manzana hirviendo. Se terminó el maratón para eliminar el “yo no bebo”, en seis días recorrí tugurios y bebí lo que nunca. La casa fue un testigo silencioso de mi decaimiento; tequila, cerveza, whiskey, algunas drogas y nada que no pueda controlar. Creedence Clearwater Revival y Led Zeppelin compartieron sinfonías a las 3:00 a.m. e inspiraron a mi guitarra para acompañar la velada entre acústicas versiones de canciones tristes, las únicas que mi guitarra busca y encuentra. La crónica no es importante ni interesante, recuerdo voces y pláticas alrededor. Muchas frases.

“Qué mal pedo, ya no me dejaron cantar”.

“Es que no al mutilado ¿sabes cómo?”.

“¿Sabes cómo?”.

“Sopranos, son los que hacen falta en el mundo”.

“Su nombre lo dice todo: Los Auténticos decadentes”.

Kandinsky, de esos músicos absolutos”.

“Síndrome del punk, haré algo más nena, unas patadotas”.

Vómitos a mitad de la calle y con el auto en movimiento, nadie es más temerario que un crudo.

Ya casi se termina, cambio de casa, cambio de aires, cambio de todo, cambio en la bolsa. Cambio.

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