Arte disfuncional (primera parte)
El ser humano es complicado y observarlo en diferentes escenarios siempre resulta interesante. El ser un documentalista social equivale a ser un buen observador, aprender a callar para limitarse a ver la violencia urbana que se manifiesta no sólo en los empujones de los pasajeros en los camiones urbanos en horas pico.
Hay violencia en el agetreo natural de la ciudad de Chihuahua; es un macrocosmos donde todos miran sobre sus hombros, a un lado y a otro, nerviosamente. Conviven los monstruos citadinos de una manera hipócrita. Es muy difícil que los vicios de la ciudad se externen, se requiere un ejercicio de auto evaluación descomunal para dejar de lado un poco el ego que nos mantiene a raya dentro de los convencionalismos sociales considerados normales y dejar salir un ser verdadero, por muy extravagante que éste sea. Chihuahua es una urbe sin palabras y sin sentido, violenta y triste a la vez, insípida. ¿No son así todas las ciudades?, tal vez, pero Filadelfia es diferente.

Robert Crumb dejó salir un monstruo misógino y sexualmente desinhibido a través de su obra. Una sucesión de imágenes en las que ocurre lo indecible, Crumb obviamente no es para todos, sus dibujos contienen una sexualidad explícita y mórbida, carente de buen gusto, algunas de sus obras harían ruborecer al más pervertido. ¿Qué hizo que Filadelfia (su ciudad natal) vomitara una personalidad como Crumb?.

Son las calles, lo mustio de la gente que no hace bien ni el bien propiamente dicho. En las ciudades la gente se enferma de sobriedad y de hartazgo. Tan sólo caminar entre tanto grito te apendeja, la gente está muy ocupada siendo infeliz y pensando en dejar de serlo que a nadie le importa lo que acontece a su alrededor. Tal vez Crumb quiso dejar todo el teatro de ser un pendejo asalariado o un perdedor con parafílias y dejarlas salir, convertirlas en arte, dibujándose a sí mismo en un mundo de exhuberantes mujeres con gigantescos senos y traseros deliciosos para sentirse parte del mundo que tanto odia a escondidas, eso sí. Todos podemos odiar a los negros, a las mujeres, a los jotos, a quien sea pero nadie se atreve a dejarlo salir y menos en una época como en la que le tocó a Crumb hacerse estúpidamente famoso; había jipis por todas partes, había amor y clasemedieros afeminados que cogían en los automóviles de sus padres, aunque mucha de la culpa de que Crumb sea un exorcista de sí mismo son sus hermanos tan claramente dañados e igualmente influyentes para el marginado dibujante enclenque. Es difícil hacer un diagnóstico de un ser tan increíble y más difícil aún si hablamos de una comparación “macrocósmica” entre Chihuahua y Filadelfia, pinche Alfredo, no mames.
-Cruz Matanzas-
Charles Crumb
El documental Crumb, de Terry Zwiggoff, da un poco de información al dilema de por qué Crumb existe. Como lo menciona el señor Matanzas los hermanos de Crumb tuvieron una gran complicidad para convertir al joven miope en un ensayista visual de su entorno de medio pelo y creador de una radiografía real de una sociedad irreal a través de sus dibujos.
