El antes y el después

Hace dos semanas trataba desesperadamente de obtener una señal divina para un ejercicio psicológico de mi clase de evolución interneuronal. Después de ocho horas y una aspirina logré contactar a quien muchos llaman dios (con minúsculas). No le profecé rezo alguno y aún así decidió (en su infinita misericordia) dedicarme algunos minutos.

Me recordó que hace 15 años aproximadamente se me manifestó en sueños repudiando la vida que yo había llevado hasta ese entonces, siempre distraído pensé que era Ozzy Osbourne con un nuevo tinte de cabello alertándome de los altibajos y de las inocuidades de la pubertad.

Así que le supliqué que entonáramos juntos esa hermosa melodía llamada War pigs de Black Sabbath, él afirmó que no era Ozzy pero que Black Sabbath era de sus bandas favoritas, oníricamente sacó una Stratocaster y comenzó a repetir los riffs que salían mágicamente de nosedónde. Le dije: -Qué al pedo tocas, dios- y fanfarroneando me contestó – a huevo, soy dios.

Y así empezamos una hermosa amistad que sigue hasta nuestros días, misma que me ha permitido comunicarme con él de manera regular, a veces él tiene tiempo de charlar y a veces no, a veces por la premura del trabajo le digo que no me chingue que me de oportunidad de descansar un momento, y respeta mi decisión.

Amigos, hago de su conocimiento que a partir del día de hoy dios nos acompañará en el próximo podcast, le cuestionaremos porqué el mundo se cae a pedazos y porqué muchos padecemos de apeirofobia.

Les envío un saludo afectuoso, pecadores.

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