Como tú quieras

Es fácil seguir el ritual de la vida, una muestra es que muchos ya lo han seguido y han alcanzado con éxito el prototipo de una vida normal. Mientras más conocemos más infelices somos, ya que nos damos cuenta de que necesitamos muchas más cosas para ser felices. Si veo un Xbox 360 lo quiero, si veo un automóvil del año lo quiero, si veo una madrecilla que me hace parecer culto la quiero y así sucesivamente llenamos un vacío existencial con objetos.

Hay unos más aventurados que se dieron cuenta que los objetos sólo sirven para atraer algo mucho más satisfactorio, PERSONAS. Y así se dedican a buscar la aceptación de muchos atrayéndolas con objetos que comuniquen una empatía. En nuestra juventud es lo que nos mueve, así nos rodeamos de jovencillos con nuestros mismos gustos y competimos para estar siempre a la cabeza de nuestro grupo. Ya cuando “crecemos” o “maduramos” nos hacemos más independientes, pero queda siempre una reminiscencia de nuestro pasado adulador y lo aplicamos en nuestro trabajo e incluso en nuestra vida sentimental “es que yo busco a alguien con los mismos intereses que yo, alguien que me complemente”. Pero qué tal si en verdad fuéramos lo que decimos, si fuéramos tan anarquistas y contraculturales, sería un mundo diferente.

A mi edad ya nada es lo mismo, todo me da flojera, mi hipogonadismo masculino me impide ser el sujeto con la chispa que fui y por si fuera poco los conocimientos que he obtenido hasta ahora sólo me indican que estamos destinados a un hoyo de porquería y que la única manera de salir, según los sabios, es escarbando y dejarse llevar, ponerse flojito, dejar los ojos en blanco, la mente en blanco, el corazón en blanco y pensar como si en realidad los días que pasan uno a uno son diferentes de los días que me dejaron aquí, un jueves 7 de Junio de 2007. Todo me ha pasado en la vida y a la vez nada me sorprende. Si no fuera por tantos prejuicios sería feliz, y tal vez dejaría mi botarga de pendejo colgada en cualquier lugar y saldría con mi verdadero yo, desnudo y con mis miserias al aire, ya no habría ninguna razón para esconderlas, pero malditos prejuicios, la verdad no sé cuáles son, si me pidieran enumerarlos y nombrarlos no sabría qué escribir, así se dice en estas ocasiones, los prejuicios, el absurdo total.

Pero los pinches mejores tiempos ya vienen, no sé a qué altura de la república mexicana o del mundo están pero ya vienen, eso me lo enseñaron las películas de la televisión, mi segunda madre, todas me dijeron que el bueno siempre gana, que el que es terco y se aferra a su pedacito de existencia tarde o temprano recibe lo que se merece muy a pesar de su nivel de imbecilidad (Forrest Gump es mi héroe), espero no merecer menos de lo que creo que merezco. No hay que oponer resistencia a la vida, porque cuando lo hacemos creamos fricción y luego salen chispas peligrosas que podrían causar un incendio. La vida es lo que tú quieras y la puedes hacer y deshacer como tú quieras.

Es extraño que todos elijan deshacerla de la misma manera.

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