Los calores odiosos, el sudor que recorre la frente y las mejillas. Temperatura ambiente de 25 grados y tengo mis 38 grados personales en la casa. Calores que aumentan los olores que vienen de los desperdicios; latas de atún, refrescos, pasteles, asados, tortillas y jugos de manzana hirviendo. Se terminó el maratón para eliminar el “yo no bebo”, en seis días recorrí tugurios y bebí lo que nunca. La casa fue un testigo silencioso de mi decaimiento; tequila, cerveza, whiskey, algunas drogas y nada que no pueda controlar. Creedence Clearwater Revival y Led Zeppelin compartieron sinfonías a las 3:00 a.m. e inspiraron a mi guitarra para acompañar la velada entre acústicas versiones de canciones tristes, las únicas que mi guitarra busca y encuentra. La crónica no es importante ni interesante, recuerdo voces y pláticas alrededor. Muchas frases.
“Qué mal pedo, ya no me dejaron cantar”.
“Es que no al mutilado ¿sabes cómo?”.
“¿Sabes cómo?”.
“Sopranos, son los que hacen falta en el mundo”.
“Su nombre lo dice todo: Los Auténticos decadentes”.
Se aproxima en la ciudad de Chihuahua la anualmente desdeñanada feria del libro. El programa indica que será una de los más ocupadas, habrá talleres y lecturas de padres de familia entre otras cosas.
En el año 2004 fui testigo de un evento similar en la ciudad de Durango, no era un mercadillo de libros caros sino un punto de encuentro para lectores que compartían la afición a la lectura y a otras quimeras que conforman la cultura del joven promedio; había desde cartas de Magic:The Gathering, revistas de unas décadas atrás, historietas amarillas por la edad, juguetes de colección con partes faltantes, mujeres hipiosas que cambiaban libros por collares, libros piratas (no crean que no me di cuenta), LP’s de Led Zeppelin, helados de frambuesa, semillas para plantitas de poder y mucha camaradería.
Fuera de los libros piratas percibí un buen ambiente en la feria del libro de Durango, tal vez no haya sido la feria oficial en la que se reúnen los vendedores de libros de la región porque no recuerdo haber visto sujetos con corbatas ofreciendo libros de Miguel de Cervantes Saavedra con pasta dura y con un precio de dosmilquinientos pesos.
La Feria del libro en Chihuahua es diferente, me atrevo a decir que no tiene alma y que si la tuviese sería la fusión del alma de un vendedor de enciclopedias caras (hago hincapié en lo caras) y un profesor de lectura y redacción, es un culto anual a la cultura de los que se dicen cultos.
Espero equivocarme y que este año sea como su propio nombre lo dice una feria en honor a la lectura y no una que le rinde honores a quienes manejan la cultura a su criterio y a sus intereses económicos.
Volvieron los olores matutinos; inconfundibles y caseros.
Los huevos con chorizo, las tortillas de harina recién hechas, los frijoles refritos y el café con leche.
A raíz de un cambio de horario ahora disfruto las tranquilas mañanas y el inicio del día, disfruto también un desayuno en el merendero de la esquina. Y como pueden leerlo los versos sin esfuerzo afloran.
El asilo Sta. Eduviges se encuentra a 30 minutos de la ciudad de Chihuahua y es mejor conocido por las condiciones infrahumanas en las que viven los 45 ancianos que comparten las 32 habitaciones que conforman el asilo.
Es un lugar olvidado de la mano de dios, aislado del bullicio de las ciudades cosmopolitas que algún día fueron levantadas por los brazos fuertes y juveniles de los ahora viejos trabajadores de la vida. No quedan más, no queda más, no hay nada, no hay nadie. Así se esfuman una vez más los soplos malolientes de vida que expelen los viejecillos, rabiosos por ser abandonados por la fauna de engreídos ejecutivos que alguna vez fueron bebés incapaces de defecar sin la ayuda de sus padres, los mismos que ahora viven hediendo y contaminando el aire que respiro mientras abro y cierro la puta puerta que nunca debí haber abierto.
He decidido beberme algunos litros de tequila a sorbos (como debe ser bebido). El refresco sabor toronja es asqueroso pero se confunde con el sabor del tequila, una combinación a la que aún no le encuentro el gusto. Recuerdo la canción de Charly García interpretada por Fito Paez llamada Viernes 3:00 a.m. .
“Las carpetas que vi al entrar me parecieron presuntuosas” escribió la viuda de Curtis.
“Joey Ramone era el romántico de la banda” dijeron en el documental de los Ramones.
“La música de los hombres cultos no existe”, me comentó un conocedor de jazz la otra noche frente a cientos de discos, mientras Submission de Miles Davis y Marcus Miller sonaba en su tocadiscos, un tema del disco Music From Siesta del año 1987, soporífero como él solo alimentaba nuestros egos y nos obligaba a hablar en voz alta. “Ponte algo de la Sonora …” dije en tono burlón y asintió sorpresivamente, este cabrón posee una buena colección de discos que incluye para mi desconcierto toda la discografía de la Sonora Santanera, “mi estimado Héctor, ¿cómo es que tienes tantos discos y sabes cada tema de cada uno, incluso fechas y premios obtenidos?, tienes sólo un año menos que yo, deberías escuchar a K-Paz o mierdas de esas, incluso RBD o My Chemical Romance …” me interrumpió porque él sí que no aguanta mi humor imbécil, “Alfredo, Joy Division es una buena banda, Ian Curtis fue un gran músico, tengo entendido que sigues en tu afán de lograr la colección de discos de Joy Division al igual que los de Morrisey en su etapa solista fuera de The Smiths, soy un hombre sencillo Alfredo, la música es algo que me mueve y que cuando vuelvo del trabajo siempre se encuentra allí, cuando tengas algo de madurez sabrás que a veces es bueno dedicarle no sólo el tiempo sino la vida a lo que te gusta; no tengo novia, no tengo perro, no tengo peces ni gatos que pongan en duda mi sexualidad, lo que tengo son un montón de discos que me hacen sentir vivo, tal vez los de Los Fresones Rebeldes sí pongan en duda mi sexualidad, Alfredo, pero me recontravale madres”.
Y lo escuché detenidamente mientras soportaba la voz del tipo con el cabello afro de La Santanera. A las dos horas escuchábamos el soundtrack de Killer 7, un juego de Gamecube cuya música es muy recomendable, “se escucha bien, Alfredo”, y seguí sorbiendo café y escuchando, escuchando, escuchando …
Héctor ya no era el imbécil que perdía la concentración en los concursos de poesía y oratoria, ahora era un imbécil que merecía mi respeto porque dejó todo por la música y se dejó de esas estupideces de música para hombres cultos que tanto daño le hacen al melómano promedio.
He vuelto de mi semana sabática, no hubo descanso sino meditación y mucha autoestimulación (tan justa como necesaria). En estas fechas donde las personas acuden a la fe que desempolvan de vez en cuando para justificar su flojera yo me sumí en mi labor de descubrimiento y búsqueda inagotable de eso que llaman felicidad; abandoné los lujos de la tecnología, las tentaciones de la carne (de res) y mantuve a raya prejuicios varios.
Adquirí nuevas llaves de conocimiento (libros) y conocí nuevas formas de elevar mi espíritu (algunos nuevos discos para la colección).
Mario Vargas Llosa es de esos escritores que se respetan porque es cabrón y lo prueba con La tía Julia y el escribidor, cuya historia es considerada una semiautobiografía porque guarda paralelismos con la juventud del escritor, tiene imperceptibles destellos de ficción en los que sólo Vargas Llosa conoce la diferencia entre lo real y lo ficticio. Es menester leer su autobiografía titulada El pez en el agua. El libro de la foto es Los Cachorros e incluye además dos relatos: el desafío y día domingo.
El libro La lucha obrera en Cananea es un documento muy valioso; indica el camino que siguieron los trabajadores en la lucha por sus derechos contra la C.C.C.C. (The Cananea Consolidated Copper Company) e inicia con una carta dirigida a Rafael Izábal (gobernador de Sonora en 1906), en la que José María Carrasco (un don nadie) le hace un llamado para que fije su atención en las condiciones en las que malviven los trabajadores (con 3 pesos de sueldo) presagiando un movimiento obrero que detonó una lucha por casi 15 años.
Lo que se alcanza a observar en el pizarrón son notas bíblicas:
“El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.” Proverbios 13:20
Una ligera nota de un libro que dice:
“… las personas con un predominio del lóbulo prefrontal izquierdo son optimistas natos.”
El libro de donde tomé el dato es uno que trata sobre liderazgo, algo de psicología y paja administrativa.
Cualquiera puede escribir una novela, pero una buena novela no siempre resulta del uso de datos triviales y neologismos vacíos; una novela es una concentración de experiencias propias vertidas en un papel y que son el resultado de una lluvia de ideas a la que el escritor le da forma administrando datos reales y ficticios en una historia que ya ha sido creada al menos dentro de su cabeza.